Cavaron una gran fosa – El misterio del ingeniero que desapareció hace 8 años y que se reactivó con el dato de un testigo.

Fernando Lario tenía 45 años y no se supo nada más de él desde el 7 de julio de 2012. Las diferentes hipótesis.

Fuente: Clarin / 03.07.2020.

Por unos días, la esperanza radicó en que a Fernando Lario lo hubiera tragado la tierra, que su cuerpo apareciera en el fondo del pozo de un molino, a unos 20 metros de profundidad, hasta donde se excavó en su búsqueda a partir del aporte de un testigo.

Pero finalmente el dato resultó incierto. Así, del arquitecto y profesor de 45 años que un sábado de julio fue visto por última vez al salir del complejo universitario de Mar del Plata no se sabe absolutamente nada. De momento, puras conjeturas. El martes próximo se cumplen 8 años de su desaparición.

La causa se movió en los últimos meses y algunos indicios hicieron creer a los investigadores que había cierta veracidad en el dato que aportó un testigo. El hombre, de 72 años, contó que a Lario lo habían arrojado al pozo de un molino en Valle Hermoso. Dio otros datos coincidentes con los que constan en el grueso expediente, que suma 15 cuerpos, y eso lo hizo sonar convincente.

El lunes, con maquinaria de vialidad y bomberos, personal de defensa civil y efectivos de la dirección de Riegos Especiales de la Policía Bonaerense, comenzó a perforarse la zona. Abrieron un agujero paralelo para perforar el pozo de un lado; el jueves dejaron el fondo al descubierto. 

Encontraron pedazos de una heladera y otros desperdicios. Nada de interés para el caso. La fiscal Andrea Gómez, que tiene la causa desde noviembre del año pasado, dio por concluida la búsqueda allí.

Gómez es la tercera fiscal del caso. Inició la instrucción la fiscal María Isabel Sánchez y luego quedó en manos del fiscal Fernando Castro, quien fue recusado en 2017 por el abogado Julio Razona, de la hermana del arquitecto, Laura.

La fosa que se cavó tuvo una profundidad de 20 metros. (@dronmardelplata)

Entonces, cuando se cumplían cinco años sin ninguna novedad, la causa incorporó un dato que le dio impulso. Provenía de la unidad penal de Dolores, un preso había contado que fue él quien lo mató al arquitecto.

Sobrevinieron una serie de equívocos judiciales (el testigo, el que oyó esa confesión, fue procesado por homicidio y luego fue sobreseído por el mismo acusador), y la causa que se manejaba como una averiguación de paradero pasó a impulsarse como un homicidio en ocasión de robo. 

«Volvemos a la hipótesis que veníamos manejando hasta que apareció este testigo», dijo a este diario el abogado Razona. Se refiere a la conclusión a la que arribó luego de investigar a partir del registro telefónico del día de la desaparición.

Según entiende el abogado, a Fernando Lario lo mataron dos peones de albañil que habían trabajado para él unos meses antes y con los que en determinado momento había tenido una discusión. «Voy a pedir que se retome esta línea investigativa», adelantó.

El arquitecto Fernando Lario tenía 45 años.

La noche del 6 de julio de 2012 Lario la pasó con su novia, Carmen. Al día siguiente ella lo llevó en su Ford Ka a la facultad de Arquitectura. Se despidieron y volvió a comunicarse con ella cerca de las dos de la tarde, hablaron por teléfono más de 5 minutos.

Las cámaras de seguridad de la Universidad registraron minutos después cuando caminaba dentro del edificio, que abandonó a las 14.30. No tenía auto y su moto estaba en el taller. Tenía previsto ir a la casa de su ex esposa y ver a su hijo, de 12 años, para explicarle matemáticas para un examen.

Las primeras 48 horas son claves para cualquier investigación: acá se perdieron. La hermana de Fernando hizo la denuncia el domingo, el lunes fue feriado. En medio, una joven encontró el morral del arquitecto en la zona de Los Acantilados, en el kilometro 536 de la ruta 11, camino a Miramar.

Laura, hermana de Fernando Lario, en el eterno pedido de Justicia.
La Hermana de Lario pidiendo justicia.

Hubo rastrillajes esa semana, entre pastizales y en el mar, ya que la hipótesis inicial fue la del suicidio. El último mensaje de texto que envió a su novia alentaba esa posibilidad: «Los libros son para vos, los discos para F… (su hijo) Te quiero mucho, perdón por todo. La vida es una mierda». Pero nunca apareció nada, ni un solo indicio, ni entonces ni ahora, y el enigma en torno a su ausencia es cada vez más oscuro.

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