100 días de cuarentena y una canción desesperada…

Por Verónica López.

10.07.2020

A lo largo de mi vida he pasado por años buenos y malos, momentos de bolsillos flacos en los que he conocido la austeridad y otros en los que me he subido con valijas repletas de ilusiones a un crucero y olido a perfumes caros. Nunca renegué de los sacrificios ni de las necesidades y mucho menos de la bienaventuranza. Aprendí que el tiempo es el encargado de poner las cosas en su lugar y a pesar de todo, lo que tenga que ser, será.
Como tanta gente que vive en este planeta, cuando tuve hambre, trabajé más arduamente; cuando quise superarme, estudié; cuando me enfermé, extremé los cuidamos para sanarme; pero desde hace cien días, como tantos otros, me levanto y me acuesto con la angustia de una amenaza permanente, un asesino cruel e invisible que acecha detrás de algún descuido.


Y de pronto el mundo se puso cabeza para abajo…algo tan de buena educación como estrecharse la mano en un cordial saludo, o un simple beso en la mejilla acompañando a un buen día, o compartir un mate, se transformaron en situaciones peligrosas y mal vistas ante una sociedad que te condena si por esas casualidades traspasaste el umbral de la puerta sin barbijo. Hoy en día, ya no cuentan las fragancias caras e importadas de aquellos perfumes inalcanzables, el mejor aroma es el del jabón que indica que te lavas las manos varias veces, o la del alcohol en gel que te identifica como precavido…


Estos cien días marcarán a fuego un cambio profundo en la cosmovisión del mundo. La idea de la muerte fue siempre traumática para los seres humanos, la conmoción de dejar de ser, aquella sensación de ausencia de los seres queridos, se torna incomprensible, dolorosa e impensada. Pero qué ocurre cuando de pronto desde hace tres meses, la única noticia que te interesa es la cantidad de muertos o el desesperante número de contagios que asoma en la pantalla, que antes mostraba series animadas. Y ahí surge nuevamente una fresca palabra, que tan sólo con pronunciarla te sentís mejor: ESPERANZA.


Renace la ilusión, la confianza, la expectativa cada dos semanas cuando la cuarentena llega a su fin…y como un latigazo…te dicen que falta otro esfuerzo, y otro y luego otro más, hasta transformarse en un esfuerzo eterno. Tal vez esta pandemia, fue el freno necesario para que este mundo consumista en el que se perdieron los valores, la ética y la familia, repensara qué es lo que en verdad interesa. Qué ironía!!! Solamente concierne aquello que no se compra: un beso, un abrazo, una caricia. No importa el color de la piel, la edad, la religión, ni la marca de la ropa, si sos indigente, maestro o abogado… el dinero, ese bien tan preciado hasta el 19 de Marzo dejó algo muy en claro: no compra la salud, no compra la vida y no te da inmunidad ante este flagelo llamado coronavirus.

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