Nada…

Por: Verónica López Villemur.

17.07.2020

Nada, nada queda de tu país natal… Solo telarañas que teje el yuyal…Nada, nada más que tristeza y quietud…
Percibo el sonido de la llave girando estrechamente en la cerradura de la puerta de calle. El eco de la silenciosa vereda remarca el tránsito de la cuarentena. Antes de ingresar, con un pantallazo amplio, lo único con lo que tropieza mi mirada, es cierto grupo de persianas entreabiertas, un cielo iluminado por un paupérrimo sol y algún que otro pájaro gozando de la que hasta hace poco fue para nosotros, libertad plena. Me detengo en el ave que permanece suspendida en el cable de la luz…mira el horizonte esperanzada, sacude sus alas segura y permanece tranquila ante la quietud de la ciudad.
Esperanza, seguridad, libertad, simples vocablos pero conceptos abstractos de difícil definición. El humano, ser libre, capaz de elegir y actuar a voluntad, muchas veces se cruza con aquellos que abusando de su propia elección entorpecen a los que se esfuerzan por hacer lo que se debe. De eso se trata la libertad, derecho más preciado que pudo darnos la vida, de hacer lo correcto…pero cuántos somos conscientes de nuestra libertad, cuántos de nosotros realmente nos aventuramos a reelegir sin dudas, sin miedos, sin dejarnos influir por terceros. Miedo atroz a la responsabilidad que conlleva la posibilidad de elegir.
La libertad es la pirámide fundamental en la que se asienta la fortaleza de una persona, la base sobre la que podrá aprender a discernir y desde pequeño convertirse en un individuo legítimo, equilibrado y de propósitos claros. Ser libre significa muchas cosas, la oportunidad de pensar, respetar a los demás, demandar justicia, coexistir en paz, echar a andar aquellos profundos anhelos.
Retorno al gorrión que sigue despreocupado en el mismo lugar, seguro, repleto de una confianza admirable, observa el árbol de la casa del vecino. Sabe que ese es el lugar en el que construirá su nido, nadie vendrá a invadirlo, ni le arrebatará lo que logró con tanto esfuerzo, sabe que puede traer a casa la comida para sus pichones sin sufrir el arrebato de alguno de los tantos oportunistas que acechan en el camino. Puede optar desenvueltamente si se va o si se queda…si prefiere el mar, otro país, el frío o la sierra. Me gustaría ser él en este momento.
Elegir, desertar, fugarse… nada, nada queda de tu país natal, nada más que tristeza y quietud…huir de la desesperación de la economía, de la enfermedad que se acelera día a día, del flagelo de la inseguridad, de la miseria que ya no diferencia niveles sociales…pero a dónde ir cuando no hay a dónde ir?. A dónde marchar cuando es el planeta entero el que está sucumbiendo.
No estoy segura si pasaron diez minutos o si sencillamente la llave concluyó su loco giro en la cerradura. Abro la puerta de casa y sonrío…al fin me siento como el gorrión…aquí soy libre de barbijo y de pensamiento, me percibo segura y alimento la esperanza de que en un mañana próximo todos juntos construyamos un extraordinario futuro.

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