Un flagelo llamado pobreza..

Por Verónica López Villemur.

22.07.2020

Verónica López Villemur. (Foto archivo).

¿Quién a lo largo de su vida no ha contemplado de cerca la pobreza?. Nací en una familia de trabajadores y si bien no supe de excesos, tampoco de grandes carencias. Soy de la época en la que en cada casa había solamente un tele, se tomaba gaseosa para los cumpleaños y la ropa no abundaba en los roperos. El sueldo que mis padres percibían en ese momento alcanzaba pero no sobraba, aunque acompañado de las manos mágicas de mi abuela se dilataba ampliamente y ni que hablar cuando le agregábamos la jubilación de mi abuelo.

Mi madre, por esos tiempos, era docente de una escuela periférica y ahí es donde realmente choqué de frente con esta cruel palabra llamada pobreza. Ser maestra consistía en aquel ámbito, servir la comida, sacar piojos, alegrar los días no sólo de los pequeños sino de las familias, conseguir frazadas, leer cuentos los viernes para alimentar la fantasía y además enseñar números y letras. Ella sabía que muchos de sus alumnos comenzaban la jornada apenas el sol salía, ayudando al padre como albañil o repartiendo diarios en una esquina, entonces los dejaba dormir apoyados en el pupitre hasta que el primer timbre indicaba una leche calentita. En su escritorio tenía una caja de madera repleta de lápices negros, de colores, gomas y fibras. Todos leían a la perfección, se contentaron con contemplar simples hojas de diarios y revistas…no supieron de computadoras, de libros, ni de tecnología.

Sólo a algunos privilegiados, la penuria económica nunca los ha llamado a su puerta. Se manifiesta sin tregua en aquellos que a diario pierden el empleo, o en cada anciano que luego de haber trabajado una vida entera, reciben una limosna de sueldo. Es triste ver como de a poco, las calles se inundan de padres e hijos durmiendo en el suelo, como lento pero con paso certero, la gente cada vez puede acceder menos a esas necesidades básicas llamadas salud, educación, vivienda y alimento. Desafortunadamente el panorama que se avizora en el horizonte no es para nada halagüeño. Realmente lo alarmante son las estimaciones del Banco Mundial, que considera que en este 2020, a raíz de la pandemia, entre 40 y 60 millones de personas caerán en la pobreza extrema.

¿Cómo ayudar cuando no saben ni siquiera qué hacer los gobiernos?. Crisis, devaluación, desempleo…palabras que marcan profundas huellas que no borra el tiempo. El hambre un flagelo que martiriza a la humanidad desde sus comienzos, considero, es la consecuencia directa de la desigualdad económica, problema que se ha convertido en uno de los desafíos más importantes que tendrán que afrontar las grandes potencias del mundo.

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