Escapada de fin de semana…

Por Verónica López Villemur.

Verónica López Villemur.

Podría decirse que el invierno recién está presentándose con toda su fuerza. Esta mañana, ya con un cielo celeste y un fresco superlativo que traspasa mucho más que la ropa, apenas dan ganas de asomar la nariz de la cama. Siempre sostuve que el frío no existe, al menos en definición, sino que es más bien una sensación producida por una pérdida de energía térmica. Hoy ya no estoy tan segura…


En el noticiero de esta mañana, los vecinos de Zapala y de Bariloche, mostraban que había delante de sus silenciosas casas de alquiler (debido a la pandemia), sesenta y cinco centímetros de nieve. Realmente es increíble el paisaje, semeja una postal de navidad de esas que mis abuelos desde España me enviaban cada año. Pero, debido a que si una paloma agita sus alas más fuerte de lo normal siento frío, podría asegurar que no disfruto para nada de estas temperaturas polares.


También sugirieron en el informativo que este fin de semana, a raíz del día lindo, se podría aprovechar para salir al parque a caminar, andar en mono patín, trotar…siempre teniendo en cuenta el protocolo y abrigándose por el intenso viento gélido. Qué suerte, los invito a caminar sobre las crujientes hojas escarchadas, o a formar bolas de nieve, o a reírse cuando ven en el rostro de la gente las narices de payaso pintadas de rojo. Seguro que si el paseo es en auto, primeramente deberán ponerlo en marcha como hacía mi padre, tal vez porque era un coche más que viejo, antiguo diría yo…recuerdo que amaba observar través de la puerta, cómo la acera se transformaba en un tobogán de jabón y algún que otro que venía distraído iba a parar a la alcantarilla…


Lo único que disfruto desde siempre de esta estación del año, es el color del firmamento. El azul imperceptible es más anémico que el matiz de la piel, el sol ofrece su calor tímidamente y las nubes corren despavoridas casi acariciando las serranías. Mucho mejor aún es observar, invariablemente detrás de la ventana, junto a una taza de chocolate caliente, el fulgor de las estrellas en esas noches perpetuas, en las que se puede percibir la helada que congela hasta la luna. Me anima saber que luego de este tormento, llamado invierno, por fin en pocos meses, la primavera me devolverá la vida con sus matices, aromas a flores, renacer y esplendor.


Viernes…comienza el fin de semana. Ansío que todos puedan regocijarse con las salidas responsables, cuidadas, perfumadas de alcohol en gel y maquillado con barbijo. Yo prefiero quedarme, aprovechando la disculpa consentida de la pandemia, simplemente remoloneando en el sillón, con las cortinas corridas, el mate preparado y haciendo zapping en la tele. Ah…voy a contentarme con todos los que resuelvan pasearse en bicicleta!!!.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *