¿Víctima de negligencia? – Coronavirus: la trágica historia del primer enfermero que murió por Covid en la Argentina.

Silvio Cufré se fue el jueves 9 de abril de su casa y no regresó. Había atendido enfermos de Coronavirus y la clínica en la que trabajaba nunca le avisó. Contagió a sus seis hijos. Y la familia estuvo a punto de ser linchada por llevar el virus al barrio.

Fuente: Clarin 27/07/2020.

Silvio Cufré murió el 18 de abril. Aquí, con su esposa María José y una de sus hijas.

Fue negligenica? Falta de conocimiento del virus y de las personas encargadas de informarles a sus trabajadores de la salud sobre los casos que atendian de COVID?

Los muchachos del barrio en Berazategui –donde creció– lo miraban con sorna. Silvio Cufré iba y venía todos los días con una naranja en una mano y una jeringa en la otra. “¿Qué hace el loco este de acá para allá con una naranja?”, se preguntarían. Estudiaba enfermería en el Hospital Naval y así forjó ese pulso de cirujano para aplicar inyecciones: vacunando cítricos.

Silvio era un apasionado de su trabajo. Cuando se inundaba su barrio, el Sargento Cabral de Alejandro Korn, donde se mudó para construir su casita, caminaba por las calles anegadas con unas botas que les llegaban hasta las rodillas. Llegaba a la parada del colectivo, el 388 que lo llevaría hasta Brandsen, y se cambiaba el calzado que le había protegido los pantalones. Una hora después, Silvio llegaba al Instituto Médico en el que trabajaba de punta en blanco. ¿Sabrían sus compañeros de la Salud que había atravesado un océano para llegar a trabajar? ¿Y que vivía en una casilla de madera de dos por dos junto a su mujer y sus seis hijos?

Los fines de semana en los que le tocaba trabajar, Silvio se levantaba a las cuatro de la mañana. Prendía el calefón para calentar el agua del baño, lo que despertaba a Nicolás, el mayor de sus hijos, el de sueño más liviano. Era la señal de que no vería a su papá en todo el finde. Y que no habría asado, aunque no era tan general que hubiera asado.

La pasión de Silvio era su trabajo. La enfermería. ¿Su medalla? Encabezar una campaña de vacunación en un colegio de Alejandro Korn y que las directoras lo pidieran al año siguiente porque los chicos salían con una sonrisa de oreja a oreja con cara de “no dolió”. Y todo gracias a la naranja.

Silvio se recibió de enfermero en el Hospital Naval, a mediados de los 90. Y sus primeros pasos en la profesión los dio en el Centro de Salud de Jeppener, a 40 kilómetros de su casa en Alejandro Korn.

La familia de Silvio Cufré espera respuestas. / Andrés D’Elía.

Aquello fue en el año 2007 y sus compañeras todavía recuerdan el periplo de Silvio para llegar a horario al trabajo. “De ahí se iba para una salita en Las Mandarinas, en Brandsen. Nosotras lo cargábamos cuando lo veíamos llegar a las corridas”, recuerda Claudia Spaletti una de las enfermeras que trabajó con él.

Silvio no se quejaba, pero sabía que era víctima del pluriempleo. O sea, tenía varios trabajos a la vez para poder subsistir. No le alcanzaba el mango y, cuando no trabajaba en distintos centros médicos, lo hacía como seguridad de espectáculos musicales. Ahí despuntaba el vicio: era fanático de los Redondos y del rocanrol. ¿Su hito? En 1997 le tocó cubrir el recital de Kiss en el estadio de River. Tachó la doble. River, otra de sus pasiones.

En 2015, Silvio se acercó consiguió trabajo en el Hospital de San Vicente, el partido cabecera de Alejandro Korn. Y a principios de 2018 empezó atrabajar en el Instituto Médico Brandsen.

Silvio Cufré en su trabajo. Había hecho el curso de enfermería en el Hospital Naval.

“Algunos días se iba a las cuatro de la mañana y no volvía hasta las doce de la noche. Quería juntar plata para construir la casa de material. La idea era ir sacando los paneles de a uno y en el mismo día construir la pared. Pero ya en 2018 el municipio de San Vicente dejó de pagarle el sueldo, así que no podíamos ahorrar”, le cuenta a Viva Nicolás (24), el hijo mayor del enfermero.

Hasta ahí, Silvio podría ser un laburante más arriba del samba que le impone la economía argentina a las clases obreras. Pero Silvio es Silvio Cufré. Y su nombre hizo ruido en abril porque fue el primer trabajador del sistema de Salud que murió por Coronavirus.

Algunos días se iba a las cuatro de la mañana y no volvía hasta las doce de la noche. Quería juntar plata para construir la casa de material.

Nicolás, hijo de Silvio Cufré

Una casa de madera y mil sueños rotos

Esta semana se están cumpliendo tres meses de la muerte de Silvio y ahora mismo estamos en el comedor de la casa de la familia. Las paredes son de machimbre, esa madera de una pulgada que generalmente vemos en los cielorrasos de los techos. El sol penetra por una hendija y trasluce esas micro-partículas suspendidas en el aire que generan una sensación de calidez en el ambiente. Pero es solo eso, una sensación.

María José, tiene el pelo oscuro, la piel algo reseca y esa sonrisa bien blanca que cuando habla con Viva no se ve porque se la tapa el barbijo. “Silvio tenía el sueldo fuerte de la casa, pero a mí siempre me gustó la venta ambulante. Y ahora, que nos quedamos sin ese ingreso, volví a vender medias, calzoncillos y cosas por la calle”, cuenta.

¿La familia? María José y Silvio tuvieron cuatro hijos, pero se conocieron cuando la mujer ya tenía a los dos mayores, Nicolás (24) y Agustín (22): “El nos crió, es nuestro papá”, afirman a dúo los mayores y no hace falta preguntar más.

Agustín recuerda que, unos días antes de que su padre se contagiara el Coronavirus, comieron un asado y decidió registrarlo: “Algo me decía que se venía algo malo, como si fuera la última vez”.

María José, esposa de Silvio Cufré. / Andrés D’Elía.

El video muestra a un Silvio risueño, haciendo chistes, alrededor del fogón con todos sus hijos a los que se suman a Matías (18), Gabriel (10) y las mellizas Giuliana y Brisa (12).

Vamos a los primeros días de abril. Ya se sabe, no todo, pero bastante sobre del Covid-19. El presidente Alberto Fernández  ha decretado una cuarentena estricta el 19 de marzo.

Tomemos como referencia el 10 de abril: la Argentina cuenta 1975 casos y 82 muertos. El virus circula. También se sabe que en Europa, fundamentalmente en España, el personal de salud ha sido la gran fuente de transmisión del Coronavirus.

Para fines del cuarto mes del año, los españoles van a contar 35.000 enfermeros y médicos contagiados. Eso, según datos oficiales, pero los gremios de la salud calculaban que eran más de doscientos mil.

Y fue en aquellos primeros días de abril también que el Instituto Médico Brandsen le pide a Silvio, que combate la pandemia en la primera línea de fuego, que se vacune contra la gripe. Técnicamente, esa es la medida de prevención que toma la clínica privada para proteger a sus trabajadores. “Hemos visto algunas imágenes donde entraba a la habitación de pacientes sin el equipo mínimo de protección”, denuncia María José, la mujer de Silvio.

Después de aplicarse la antigripal, Silvio empezó a levantar fiebre. “Pensó fue había sido una reacción de la vacuna”, explica María José.

Papá atendió al padre de Walter Montillo, que murió de Coronavirus. Había estado en contacto con pacientes infectados y la clínica nunca se lo dijo.

Silvia, cuñada de Silvio Cufré

Negligencia en cadena

Fue el martes 7 de abril que Silvio regresó a su casa con cierto malestar. Ese día le comentó a su hijo Nicolás que acababa de morir uno de los pacientes que había atendido en esos días: Walter Montillo, un empleado de la Corte Suprema de Justicia con casa en Brandsen, aunque los Cufré lo conocían porque era el padre del futbolista que había jugado San Lorenzo y Tigre y ahora estaba en Chile.

Silvio pensó que estaba atravesando una mala racha, porque unos días antes se había muerto Oscar Montillo, abuelo del jugador. Lo que nunca imaginó lo habían tirado al rio sin salvavidas: “No le habían avisado que estaba atendiendo pacientes con Coronavirus”, denuncia su familia.

El miércoles, ya muy molesto y con fiebre, la clínica lo hizo trabajar igual. Su mujer lo vio hinchado, levantaba temperatura y hasta cierta dificultad para respirar. “Era el segundo día que se sentía así en el trabajo y en la clínica no le prestaron atención”. A cada minuto el cuerpo le pesaba más (tenía todos los síntomas de Coronavirus), entonces Silvio decidió volverse a su casa.

“A las siete de la tarde lo mandó a Agustín a comprar un termómetro para tomarse la fiebre”, recuerdan en la casa. Pasaron 24 horas y Silvio se sentía cada vez peor: “Llamó a la clínica para comentar que estaba muy mal, pero no le quisieron mandar una ambulancia”.

“No puede ser que esté así, me voy en un remise a la clínica a hacerme todos los estudios”, dijo el enfermero. Pero antes de despedirse le prometió a su hijo Agustín que al día siguiente estaría para festejar su cumpleaños. “Cuando vuelvo te hago el bizcochuelo que compró tu mamá, como todos los años, y mañana festejamos”.

Hijos que añoran a un padre. La ausencia de Silvio Cufré es un dolor abierto./ Andrés D’Elía.

María José y sus seis hijos lo observaron cruzar la puerta, algo enclenque. Sería la última vez que lo verían con vida.

El sábado 11 se supo que los Montillo habían muerto de Coronavirus. La casa funeraria denunció la situación y la ciudad de Brandsen, que podría ser considerada el límite del AMBA y el interior de la provincia, se convirtió en un hervidero de acusaciones cruzadas.

Silvio ya estaba en coma. “Había estado en contacto estrecho con pacientes con Coronavirus y la clínica nunca se lo dijo”, se suma ahora Silvia, que es la hermana de María José y quien se puso al frente de los reclamos de la familia.

La clínica de Brandsen fue clausurada y todos los pacientes derivados a distintos centros de Salud. Silvio terminó en Cañuelas, a más de cien kilómetros de su casa. Además de la distancia, por protocolo, los familiares no podían acercarse al Hospital Cuenca. De todas formas, tampoco tenían los medios para hacer un tour Brandsen-Cañuelas-Brandsen para recibir el parte.

El hisopado de Cufré dio positivo, pero él nunca se iba a enterar. Silvio –que cumplió 48 años en terapia– era un paciente de riesgo ante la amenaza del Coronavirus. Medía cerca de un metro setenta y cinco y pesaba más de 130 kilos. Ese cuadro, sumado a la falta de los protocolos de protección necesarios para su trabajo, lo llevaron en un pozo ciego del que no podría salir.

Nos pusieron custodia para que no nos lincharan: mi viejo dio la vida para ayudar a los otros y nos acusaron de traer el virus en el barrio.

Nicolás, hijo de Silvio Cufré

El estigma de la peste

Silvio Cufré murió el sábado 18 de abril y este debería ser el final de la crónica. ¿Qué más puede ocurrir después de la muerte? Pero el martirio siguió. “Silvio tuvo un final indigno. Murió solo, sin saber qué tenía y ni siquiera pudimos despedirlo como se merecía”, explica su cuñada.

“Se fue ese jueves de acá y no volvió más”, solloza María José. Las lágrimas le humedecen el barbijo: “No nos dejaban ir a despedirlo, pudimos estar cinco minutos al lado del cajón en el cementerio, sin tocarlo”.

Decir que Silvio murió para cuidar la salud de los demás no es exagerado. Arriesgaba su vida por un sueldo de cuarenta mil pesos. Pero esa empatía no fue correspondida. Cuando se filtró el motivo de su muerte, un grupo de vecinos del barrio Sargento Cabral se movilizaron a la casa de los Cufré. “Nos querían linchar”, cuentan los hijos.

Los acusaban de traer la peste al barrio. “Empezaron a llegar de distintos puntos del barrio”, recuerda María José. Y con el ruido, se fueron sumando otros. La famosa alienación de la masa. “Venían familias con sus hijos, algunos hombres solos de la zona y nos decían que, si no nos íbamos, nos quemaban la casa”.

Tres meses después, por las noches todavía se ve una luz celeste que gira y serpentea sobre los techos bajos de las casitas del Sargento Cabral.

“Nos pusieron custodia para que no nos lincharan: mi viejo dio la vida para ayudar a los otros y nos acusaron de traer el virus en el barrio”, completa Nico. ¿Otro mazazo? “La clínica no nos pagó ni la liquidación final de Silvio”, se queja María José.

Para colmo, los Cufré tenían miedo de estar todos contagiados y no lograban que el municipio les hiciera el hisopado: “Tuvo que intervenir una fiscal para que los analizaran”, cuenta la hermana de María José.

El 28 de abril, a diez días de la muerte de su padre, los seis hijos dieron positivo de Covid-19. La única que recibió el resultado negativo fue María José. Se aislaron como pudieron en su casita de dos por dos y el 10 de mayo ya estaban todos negativizados.

Una tarde del mes pasado, Nicolás estaba viendo la tele en el comedor de su casa, “la tele que habíamos sacado a pagar antes que muriera papá”, y escuchó un dato revelador: “Decían que los pacientes curados de Coronavirus podían donar su plasma y salvar la vida de nueve personas”.

¿Cómo se reacciona después de tanto destrato? En el caso de los Cufré, de la mejor manera. “Me puse a averiguar y, ya que estábamos inmunizados, mis hermanos y yo decidimos donar nuestro plasma. Cuando papá estaba internado vi algunos videos de lo que sufrían los pacientes infectados: los daban vuelta para que pudieran respirar un poco mejor. Es muy triste. Más allá de todo lo que se hizo mal y de la reacción de algunas personas, no queremos que nadie sufra lo que pasó mi viejo”, cierra Nicolás Cufré.

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