La Sorpresa…

Por Verónica López Villemur.

Verónica López Villemur.

Hoy por la mañana, el sol brillaba con más intensidad que otras veces. Antes de sacarme el pijama, corrí las cortinas para que ese calorcito matinal me reconfortara. Todo en apariencia indicaba una rutina ya instalada en el barrio. El diariero saludando con la bocina de su moto repleta de diarios y revistas, la vecina del frente regando las plantas, la señora de la esquina paseando su caniche blanco… todo igual…cada paso, cada color, cada sonido…un día más de este helado mes de Julio.

La inconfundible balada del celular llama mi atención. Era muy temprano para que mi amiga llamara. Generalmente hablamos al mediodía o cuando hace su descanso en el consultorio (es veterinaria)…pero fue un día distinto, sabía que algo pasaba. Su voz sonaba feliz, tintineaba como aquellas que te ordenan que les preguntes qué pasa. Y sin dudarlo, así lo hice. Inquisitivamente indagué acerca del motivo de su euforia y de pronto me dijo en diez te llamo, tengo una urgencia.

La intriga se había adueñado de la casa. Parecía que las horas multiplicaron sus segundos y cada cinco minutos, mis ojos recorrían el reloj que yacía en la pared. Almorcé, logrando llevar a mi boca apenas un bocado. Nuevamente la ansiedad reanuda su faena. Un eco suave me dejó perpleja…pasos…y allí estaba, puedo verla…Paula, mi amiga, parada frente a mí, aferrando un papel de regalo semi abierto con un gran moño rojo con lunares blancos. Puso sobre mi mano el obsequio tan preciado invitándome a mirarlo. Grande fue mi asombro cuando encontré una mamadera, una batita blanca con bordes amarillo patito y un chupete.

El embarazo es la aventura más grande que vive una mujer, una de las etapas más extraordinarias. Hay un antes y un después de la maternidad. Todo se modifica desde el momento cero: el cuerpo, la forma de ver las cosas, las prioridades. El mundo simplemente se desarrolla dentro de tu vientre y la mente incesantemente vuela, se transforma mágicamente para darle forma a ese ser tan diminuto que dependerá solamente de cada una de nosotras. Es tiempo de mimos, de amor, de alegrías a veces de sinsabores cuando se complica…pero al final todo vale la pena…

Nos miramos con los ojos inundados por las lágrimas. No sé cómo pasó…tengo hijos adolescentes…noticia repentinamente inesperada. Fue uno de esos momentos en los que sobran las palabras. Nos echamos a reír. La emoción, el miedo, todo se acopiaba en la cocina de mi casa.

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