Ser Mujer

Por Verónica López Villemur.

10.08.2020

Verónica López Villemur.

Segundo lunes de Agosto. El frío castiga la brisa de la madrugada invitando a permanecer en la cama. Remolonamente prendo la cafetera, las flores celestes que engalanan las tazas blancas, me saludan amistosamente. El aroma del café invade todos los sentidos de mi cuerpo mientras la crujiente tostada enamora a la manteca que se derrite ante su encanto.  Me acerco a la ventana de la cocina y veo al sol luchando por abrirse camino a través de la neblina, siempre lo comparo con mi padre. Valiente, equitativo, sereno, protector, el equilibrio perfecto para mi madre. Ella, moldeada por la luna nueva, temperamental, variable, apasionada. ¿Qué harían el uno sin el otro?. Simplemente morir en el intento…

            Infinidad de veces me han preguntado si me gustaría volver a nacer mujer y aquí es donde surge la verdadera cuestión: ¿Cuál es la trascendencia de tan gigantesca palabra?. Mucho se ha debatido acerca de la respuesta y han entrado en juego enfoques anatómicos, filosóficos, teológicos, tantos que seguro descubriríamos facetas inimaginables. Sea cual sea la refutación, estoy convencida que si volviera a germinar mil veces, mil veces anhelaría ser mujer. Lo real es que más allá de las posturas, somos seres sentimentales por excelencia, capaces de seducir y al instante secar las lágrimas de un pequeño. Competentes, perspicaces, avispadas, preparadas para desempeñarse en los más altos cargos de un trabajo, pero en la intimidad de la casa orientadas a aderezar una deliciosa comida, mientras controlamos el lavarropas que danza y nos desmaquillamos hablando por el celu con una amiga. ¿Quién no aprendió a ser mamá con una muñeca de trapo como Porota o uso los tacos altos y se pintó destrozando los labiales de su abuela? ¿Quién no soñó con ser una princesa de un castillo encantado?.

            La niña mimada que fui, permanece intacta, a la espera de la aprobación de sus padres… escondida para sorprender a Papá Noel y acomodando los zapatos para que me dejen su regalito los Reyes Magos. Dios me ha regalado lo mejor de la vida: ser madre, esposa e hija.