Irse

Por Verónica López Villemur.

Verónica López Villemur.

Caminando por el jardín alcanzo a visualizar el esfuerzo de las rosas por contener sus pequeños capullos esperando días más cálidos. El perfume de la lavanda se entremezcla con el del limonero suscitando un aroma que pocas veces he apreciado. Disfruto rozando la forma suave y pequeña de las hojas del añoso pomelo que batalla cada invierno por mantenerse en pie. Es reconfortante verlas tan plenas, felices de pertenecer a este lugar a esta casa, tal vez saben que están seguras, contenidas y custodiadas. Exceden mi vida los floreros, ya que son sólo fragmentos coloridos que decoran ociosamente algún rincón perdido, conscientes que nunca sentirán la presencia de una flor en su centro.

Migrar es un cambio y sin dudas fue la prueba más difícil que he tenido que afrontar. Muchas veces me sentí como una planta a la que arrancaron de raíz. Desarraigo, dejar atrás, añoranza, sentimientos encontrados. Revolución de soledad, huella perdida, miedo al fracaso. Combatir el destierro, es como nacer de nuevo, en otra ciudad, con gente que te mira diferente, que no reconoce tus palabras ni tus gestos. Es unirse al desierto luego de haber celebrado el paraíso. De la noche a la mañana tus manos descubren el vacío de recuerdos, de familia, de amigos. Desafortunada la dicha de todo aquel, que aún por decisión propia, viaja nuevos destinos.
Fueron eternos los años que mirando las estrellas te busqué tierra mía, te soñé cada atardecer y te pensé con el alma henchida de alegría.

Afortunadamente la vida, que siempre me sorprende, nuevamente me trajo a navegar por el lecho de mi ciudad querida, hermosa, de calles amplias, de personas conocidas, tal vez no de grandes oportunidades… pero la que conoce mis sueños, mis pesares y mis dichas…


Soy feliz…porque pertenezco a un lugar…igual que el limonero…